Rasgos de la Juventud actual
Rasgos de la cultura juvenil actual
1. Quiénes son los jóvenes?
En una primera aproximación podemos decir que los jóvenes
son para la Mayoría de nosotros, adultos, un mundo extraño. Los jóvenes son
otros, son diferentes.
En general, cuando nos dirigimos a los demás, los tratamos
como si fueran nuestra proyección o nuestros "dobles". Al dirigirnos
a los jóvenes, podemos tal vez dirigirnos a nuestros recuerdos juveniles, a
nuestro pasado joven, a nuestras nostalgias o melancolías, cuando no a nuestros
deseos de lo que pudimos ser y no fuimos. La vida real de los jóvenes de hoy
esta en otro lugar diferente del que buscamos... Su vida es de ellos, y
nos resulta difícil de interpretar en nuestros esquemas habituales.
Afortunadamente. Porque de esa manera tenemos que detenernos ante ellos como lo
que son: "otros", personas que significan al Otro, al misterio más
grande, -a la vez más cercano y más lejano- que vive también en este misterio
de lo desconocido e ininterpretable y que sin embargo se nos revela en esos
mismos rostros en que se nos oculta.
De ahí la necesidad de recordarnos continuamente que los
jóvenes no son objetos de adoctrinamiento, para encuadrar y numerar para
"nuestras filas', sino sujetos que han recibido una vida a la que debemos
acercarnos como Moisés ante la zarza ardiendo, descalzos de los prejuicios e
interpretaciones que sirven para tranquilizarnos. Entonces escucharemos la
palabra que nos quieran dirigir cuando sientan que los acompañamos en verdad.
Tampoco podemos considerar a los jóvenes como un grupo más o
menos uniforme. Un grupo joven de un determinado entorno geográfico ,
está formado por múltiples subgrupos, tan diferentes de nivel de
vida, estudios, estilos, etc., que parece poder afirmarse que lo único en común
es la edad. Por ello cualquier generalización es peligrosa, cualquier proyecto
es arriesgado, cualquier iniciativa es relativa.
No sólo son "extraños" u "otros" con
respecto a los adultos, sino que son también "extraños" entre ellos
mismos. Y en consecuencia tienen experiencias de vida diferentes que expresan a
través de lenguajes y modos culturales variadísimos. Son diferentes los jóvenes
rurales de los urbanos, aunque se haya dado un acercamiento entre estos grupos;
son diferentes los jóvenes urbanos de los centros de las ciudades de los de los
barrios periféricos, diferentes los que han tenido largos procesos educativos
de aquellos que han realizado estudios técnicos más breves, o los que
transportan sobre sus espaldas el fardo del fracaso escolar. Los de familia
estructurada de los de familia desestructurada; los que se han criado en la
calle de los que no la han conocido, los superdeportistas de los amantes de las
discotecas, etc.
Son muchos los modos, estilos y dimensiones de sus
existencias. Acompañarlos, aunque no sea sino en un pequeño tramo de su
recorrido, exige, para los adultos un desprendimiento que sólo es posible si
logramos engendrar en nosotros actitudes profundamente evangélicas; necesitamos
forjar la humildad y la encarnación.
2. ¿De qué realidades provienen los jóvenes?
- Aspecto familiar
Muchas familias sienten el debilitamiento de los lazos
internos y una exacerbada búsqueda de autonomía. Muchos jóvenes sufren las
consecuencias de la desintegración familiar a causa de la infidelidad, la
superficialidad de relaciones, el divorcio, la miseria en la que viven muchas
familias, el alcoholismo de los padres, la desocupación, la droga, etc. Surgen
nuevas formas de familias:
+ Familias monoparentales: uno solo de los padres es la
fuente de apoyo, referencia e identificación.
+ Familias ensambladas: los hijos viven con mamá o
papá y su nueva pareja, o incluso padres que viven bajo el mismo techo sin
convivencia marital pero con los respectivos novios fuera de casa.
+Familias de roles "cambiados": la madre es la que
sostiene económicamente la casa y la vida familiar, asumiendo un rol que hace
un tiempo fuera más típicamente masculino y el padre un rol más típicamente
femenino.
+ Familias sustitutas: niños criados básicamente por los
abuelos o tíos, inclusive en algunos casos por vecinos muy cercanos o aún por
instituciones que se dedican a estos asuntos.
- Aspecto religioso
Muchas veces, la búsqueda de los jóvenes de un nuevo modo de
vivir es incompatible con la poca flexibilidad que viven en la institución
religiosa. Alejándose de la institución comienzan a considerar su vivencia
religiosa como algo interior y privado (íntimo) que no tiene por qué influir en
su vida social. Junto a esta realidad hay muchos jóvenes con valores religiosos
serios, con experiencias de encuentros fuertes con Dios en sus vidas; trabajo
parroquial o en diversas comunidades o grupos juveniles; tienen grandes deseos
de profundizar en la Palabra. Algunos vienen de una experiencia de vida
carismática, otros tienen notables formas de expresión de culpa y ciertas
imágenes fatalistas de Dios. Algunos tienen supersticiones; otros limitan la
oración a espacios "sagrados" y suelen deslumbrarse frente a lo que
aparenta o representa "lo santo", "lo misterioso".
- Aspecto social
Los jóvenes tiene una visión cada vez más negativa de lo
político, al punto de considerarlo como algo que complica la existencia. Son
también muy presentistas, las cosas pierden rápidamente su validez, se vive la
cultura del "ya fue", se valora el acceso, el consumo, la competencia
y el ahora.
Los jóvenes tienen grandes dificultades para entrar en el
mercado de trabajo. Si bien las empresas prefieren gente joven, no cualquier joven
está capacitado para las exigencias del "nivel de excelencia
empresarial". Es un medio muy agresivo, si no entrás, no te necesitamos
(exclusión y prescindencia).
3. ¿Qué valores viven los jóvenes?
La experiencia fundante de los jóvenes de hoy es vivir la
vida intensa, eufórica y apasionadamente. La civilización de las sensaciones ha
hecho del joven un consumidor programado, como si esa forma de vida fuera un
dogma absoluto que a todo cuanto existe le encuentra esta "función":
consumir.
Junto a esta concepción dañina para la vida, surgen sin
embargo nuevas maneras de vivir valores, un nuevo código de valores:
a) La Libertad es un valor-clave, es como la herramienta
básica para alcanzar cualquier objetivo. Se descarta entonces la así llamada
"verdad objetiva", cuando ésta amenace la libertad. Parecería que la
verdad objetiva se la vive como extraña y adversa al proyecto humano.
También se descalifica el sacrificio porque es corrosivo y
represivo de la vida.
b) La Autenticidad. El joven expresa lo que es y lo que
siente sin inhibiciones ni prejuicios, liberándose así de tabúes y mitos
sociales.
c) El Amor-Placer como meta primera de la libertad. Tal vez
esto del amor y el placer sea la expresión más vistosa y evidente de la cultura
juvenil.
d) La Experiencia personal como la fuente y el criterio de
verdad y de valores; la intuición y enamoramiento como la única lógica que
impone el fin de gustar la vida.
e) La Omnipotencia: poderlo todo, aunque todavía no se pueda
todo; fe en la libertad y en los adelantos científico-técnicos.
f) La Justicia unida a la Paz, como un deseo y un gran
sentimiento. Es una gran esperanza, es más una utopía que un compromiso
personal. Toda la corriente de la "nueva era" colabora con esto,
fomentando el ideal de la unidad como gran meta de la "era de
acuario".
g) La Unidad universal como búsqueda de una humanidad segura
y sin riesgos.
h) El Futuro como mentalidad de cambio, no repetir los
errores del pasado, buscar un mundo nuevo a la medida del hombre libre.
i) la Trascendencia del ser humano como ser supremo; no
excluye a un Ser Trascendente, pero lo acepta o rechaza si responde o no a su
concepto de realización humana.
Claro que estos valores no se dan puros en nadie. Y además,
los mismos valores pueden vivirse como antivalores. Pero nuestro objetivo es
ayudar (sobre todo a los adultos) a buscar pistas para comprender a las nuevas
generaciones y comenzar juntos un camino.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, proponemos
aquí algunas características comunes a los jóvenes, buscando rescatar la pista
"nueva" que se abre en cada tensión y sugiriendo ya algún signo del
camino nuevo.
4. Los medios de comunicación, cultura de la
música y la imagen.
¿Estamos frente una generación epidérmica o frente a una
nueva sensibilidad que necesita ser rescatada y protegida de abusos?
Hay dos realidades culturales que afectan profundamente a
los jóvenes y que viven de manera muy intensa: la música y la imagen. Los
jóvenes son los principales consumidores de los conciertos masivos, los
"CD", los aparatos de alta fidelidad, los "40 principales"
en la radio, además de toda la cultura del "videoclip". A través de
la música y de la imagen, expresan tanto su comunicación como toda su cerrazón.
Estos medios son instrumentos de comunicación cuando los informan, los
emocionan o les permiten construirse por identificación y "adhesión
sentimental" a lo presentado. Pero a la vez son instrumentos de cerrazón,
cuando a través de ellos huyen de la realidad y se colocan en mundos
fantasiosos, o cuando se conectan a sus "walkman" y se zambullen en
otro mundo, dejándose pensar por la radio en lugar de pensar por ellos mismos.
Los medios educan en valores (o antivalores), imponen un
modo de ver el mundo, la existencia, proponen gustos, establecen prioridades.
En definitiva, construyen la personalidad de las nuevas generaciones mucho más
que la escuela y la familia.
Esta generación, que llamamos "epidérmica",
necesita sentir para adherirse, emocionarse para comprender, y engancharse para
actuar. Generación para la que la apariencia, el "look", las marcas,
lo "fashion", etc., es muy importante. Prefiere los caminos de la
sensibilidad a los de la racionalidad. La palabra no es instrumento de
comunicación ni profundización, de ahí las dificultades entre los jóvenes para
la expresión oral y escrita.
Los medios de comunicación supieron captar (dirigir y
utilizar con fines comerciales) esta sensibilidad especial de las nuevas
generaciones.
A veces nos da la impresión de ser víctimas de un infame
bombardeo que busca atontarnos para que no pensemos más que lo que ellos
quieren que pensemos. La cultura actual ofrece muchas ventajas que nos
"seducen" (comunicaciones, marketing, eficiencia). Es necesario
discernir permanentemente: son novedades útiles, instrumentos nuevos de los que
nos podemos servir. No queremos "demonizarlos" pero tampoco podemos
acercarnos a ellos ingenuamente, porque junto con los instrumentos es muy fácil
(y a veces inevitable) aceptar los principios que los rigen, que no siempre son
aceptables.
Pero es posible proponer una manera nueva de utilizar estos
medios de comunicación. Podemos buscar utilizarlos con otros fines: no el de
comerciar, sino el de liberar (ver la propuesta educativa del maestro Paulo
Freire).
Es necesario buscar una nueva sensibilidad y nuevos caminos
de comunicación, construyendo una conciencia crítica ante estos poderosos
medios. Es imprescindible generar espacios de búsqueda de nuevas relaciones
interhumanas que sean seguros y libres. Espacios donde se pueda ensayar caminos
nuevos sin arriesgar la vida en cada intento, con referencias claras que no
sean opresivas, pero que sí muestren el límite de lo permitido para no jugarse
la existencia como si fuera una ficha de algún videojuego. Espacios que sean
escuela de encuentro y diálogo. Espacios que sean escuela de pluralismo, que
enseñe a aceptar la diversidad para buscar la comunión.
5. La búsqueda de Dios y la verdad subjetiva
A veces nos da miedo caminar por estos caminos nuevos, nos
parece más seguro recorrer caminos conocidos donde es claro lo que es bueno y
lo que es malo.
Dios se nos revela, hoy en toda la profundidad de su
misterio, como aquel a quien "siempre es posible seguir conociendo".
Con San Agustín, decimos hoy con fuerza: "Si crees que conoces a Dios, eso
que conoces no es Dios".
Para encontrar a Dios es necesario volver a nacer,
convertirse. Para convertirse es necesaria la gracia del Padre que nos convoca
a buscar sus caminos en comunidad. Por lo tanto esta búsqueda de Dios no
podrá nunca hacerse aisladamente, sino en comunidad. Volvemos a la
propuesta del punto anterior: espacios humanos comunitarios seguros y libres
donde poder encontrarse con uno mismo, y con las otras personas de modo nuevo,
facilitando así un encuentro verdadero con el Dios de la Vida.
Por la fragmentación de la cultura actual cada cual se ve
tentado a buscar su verdad, su única verdad subjetiva. Pero esto no es posible,
ya que el individuo se presenta ante un mundo muy complejo e inseguro, sin
referencias objetivas. No está claro qué buscar ni por dónde.
Al intentar acceder a cada una de las dimensiones de esta
complejidad, se vive la sensación de una incomprensión radical de los fenómenos
que se desarrollan en este complejo mundo y en la interioridad personal de cada
uno.
Los jóvenes consideran a las referencias objetivas de dos
maneras: como verdades científicas (muy difíciles de conocer por su vastedad y
complejidad), o como propuestas "viejas", transmitidas por cauces
tradiciones e institucionalizados. Consecuencia: el joven prefiere refugiarse,
o en el magma de la indiferencia religiosa, o "engancharse" a gurús y
movimientos que le aseguren una identidad personal y lo guíen. Estas "propuestas"
le ofrecen un camino más simplificado, que no lo obliga a enfrentarse
continuadamente a una opción personal. Actualmente el joven carece de recursos
y de referentes para una opción personal plena. Y esto es trágico.
Los "datos" que se asimilan, sólo permanecen hasta
que otro dato que "me impacte" llegue a mi vida para sustituirlo. En
estas condiciones, también Dios puede ser vivencia de un momento, para ser
relativizado al siguiente. La dimensión religiosa es el eje donde se estructura
toda la persona, donde se apoyan el resto de las dimensiones humanas: lo
corpóreo, lo afectivo-emocional, lo lúdico, lo relacionado a la voluntad
personal y a la libertad. Pero es difícil integrar la experiencia religiosa
(fundamentalmente emocional), en aquella persona que carece de referencias
objetivas que le permiten "ponerle nombre" y comprender, desde algún
punto seguro, el significado de ese encuentro con Dios. Sus fragmentos de
experiencia religiosa difícilmente pueden constituirse como un eje sobre el que
desarrollar las demás dimensiones de su vida.
Sin embargo, junto a la búsqueda de un "Dios a la
carta", en muchos jóvenes se da la posibilidad de acercarse a Dios de un
modo nuevo, sin prejuicios, llegando a ser creyentes maduros.
6. Cristiano "militante", cristiano
"orante" y nuevos compromisos
El modelo de adulto creyente válido hasta ayer, el del
militante, ya no puede contestar a todos los interrogantes que hoy se plantean,
por ser un modelo donde lo emocional y la interioridad no siempre contaban en
primer lugar (aunque siempre hubo excepciones). La militancia ya no es el
referente primero ni fundamental para los jóvenes que a su manera caminan, en
la sociedad fragmentada y religiosamente indiferente, hacia Dios. Quizás el
camino de la oración, como lugar de encuentro más subjetivo y emotivo, pueda
constituir uno de los espacios de partida de su peregrinar hacia Dios. Es
verdad que el riesgo de quedar en un puro ensimismamiento subjetivo es grande,
y que lo mismo que el camino militante, el orante, deber ser evangelizado
para progresivamente llegar a las demás dimensiones del adulto cristiano; pero
a pesar de los riesgos, parece que puede ser una propuesta importante,
propuesta que habíamos minusvalorado en muchos ambientes de evangelización de
jóvenes.
No se puede forjar este modelo de cristiano orante sin el
testimonio de una comunidad real que ora y busca el compromiso que pide Dios.
También aquí es imprescindible ofrecer lugares donde sentirse reconocidos por
otros para así poder entender desde la propia experiencia qué significar
sentirse reconocido y amado por el Padre Dios.
Los rasgos que caracterizaban las formas anteriores de
compromiso militante tenían mucho que ver con la transformación socio-política,
directa e inmediata, de las estructuras sociales. Se clasificaba a los
creyentes en "comprometidos" y "no comprometidos". Un
compromiso y una participación auténticos eran aquellos que se proponían como
meta un cambio inmediato e inequívoco de las estructuras sociales y políticas.
Hoy el compromiso tiene un alcance menos utópico, menos escatológico, menos
revolucionario, menos político. Movilizaciones ya no hay muchas, pero cuando
las hay, tienen sus motivaciones no en el poder, el cambio, la transformación,
sino en el reconocimiento, la autenticidad, la solidaridad.
Desde la mentalidad del antiguo militante, el compromiso del
voluntariado aparece como el de un "pequeño burgués", como el
compromiso de alguien que acude a las organizaciones cívicas para disponer de
un menú asistencialista con el que hacer "alguna cosita por los
demás". Social y políticamente inofensivo, aparentemente el voluntario no
pone en cuestión el sistema social, económico y político; se conforma con poco
y no quiere grandes problemas organizativos, tan solo pide alguien a quien
acompañar, cuidar, escuchar, limpiar, enseñar, atender o acariciar.
La lucha por el reconocimiento desplaza a la lucha por la
justicia. No desaparece la justicia como horizonte de cambio y transformación
política, permanece como el fondo de un paisaje nuevo en el que cobran
protagonismo unas figuras que hasta entonces habían pasado desapercibidas.
Ahora los personajes tienen rostro, los voluntarios tienen tiempo, no se
hipoteca el presente en detrimento de un futuro utópico, hay personajes
dispuestos a compartir historias y no sólo a escribirlas para que otros las
representen, se entablan conversaciones entre personas y no entre
"agentes" y "pacientes", el pueblo es sustituido por la
gente, la revolución es sustituida por la compasión, la emoción y la sensibilidad.
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