|
REVOLUCIÓN
“...sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro entendimiento...” Rom. 12:2
Hoy más que nunca antes en
la historia del cristianismo, tenemos a nuestra disposición la más alta
tecnología e infraestructura para cumplir nuestra misión. Podemos enviar
invitaciones a nuestras reuniones vía “e-mail” y establecer una pagina en la
red para que nos conozcan. Podemos enviar archivos de video o música cristiana
en un instante, para compartir las buenas nuevas. Transmitimos programas de
radio y televisión que llegan incluso al otro extremo del mundo, en un abrir y
cerrar de ojos. Tomamos un avión y en unas pocas horas atravesamos el
continente, para cumplir con Congresos y Conferencias. Podemos llevar en una
pequeña tarjeta la información suficiente para obtener dinero de un cajero
automático. Hacemos llamadas telefónicas desde un pequeño aparato en nuestros
bolsillos. Podemos imprimir, con mensajes cristianos, folletos, volantes,
periódicos, camisetas, tazas, llaveros... y una infinidad de cosas más, en busca
del anhelado sueño de que todo el mundo conozca de Jesús. Y sin embargo, en más
ocasiones de las que quisiéramos aceptar, nos vemos rebasados por las
circunstancias, por las adversidades, por nuestras propias limitantes, y los
resultados no son los que esperamos. Y al final, siempre queda el mismo vacío,
la misma inconsistencia golpeándonos el rostro. ¿Cómo puede ocurrir esto con el
pueblo de Dios? Se supone que tenemos la autoridad y respaldo del Señor, y sin
embargo, no acabamos de mostrarnos como lo que verdaderamente somos: nuevas
criaturas en Él, capaces de “trastornar al mundo”, como aquellos apasionados
primeros cristianos. (Hch. 17:6)
Tal
vez sea el momento de reconsiderar nuestra motivación al realizar la obra de Dios.
Tal vez es el tiempo oportuno para pensar un poco acerca de nuestro llamado a
desgastar nuestras vidas en Él. Porque creo que ninguno de nosotros podría
pararse ante el apóstol Pablo y decirle que es imposible cumplir o que en
nuestro tiempo son diferentes las condiciones. En una época en donde el
cristianismo era novedad y avanzaba con certeza, Pablo decidió ir aún más allá
y sacudirse todos sus años de formación religiosa, a fin de no encontrar
obstáculo para servir a Cristo. Y así, de acuerdo al tremendo esfuerzo y pasión
de este hombre, el Espíritu del Señor transformó Asia y parte de Europa. Sin
teléfonos celulares. Sin aviones. Sin Internet. Sin recursos.
Es que no se trata de
tecnología. No se trata de aviones supersónicos, ni de transmisión de datos a
hipervelocidad. No se trata de tu dinero o el mío, ni de nuestro talento y
habilidades. Siempre se ha tratado de Él, y solo de Él. Es el único que puede
levantar un cuerpo sin vida, que puede sanar las heridas, que cura las
dolencias más profundas del alma. ¿Qué donde entramos nosotros? Sencillo. El
eterno Revolucionario del universo busca apasionados dispuestos a seguirle aún
más allá de sí mismos. Es ahí, en lo profundo del corazón rendido, donde se
forjan los sueños, donde la creatividad no cesa, donde las fuerzas se
multiplican. Es ahí donde el pueblo cristiano se hace notar, y como una
consecuencia natural, el ambiente es transformado: lo débil se hace fuerte, la
oscuridad da paso a la Luz,
las vidas son renovadas. Es que, más que una revolución de métodos, lo que se
propone es una revolución de forma de pensar para dar paso a la renovación
de nuestro entendimiento, para que los hijos de Dios al fin se den cuenta
de quienes son en Él, y de que lo último que necesitamos son los recursos que
poseemos ahora. Todo comienza con no sentirnos satisfechos, y querer ir siempre
un paso más allá de donde estamos.
Esto
es lo que creemos. Esto es lo que buscamos en nuestras vidas, y pretendemos
iniciar en las vidas de otros. Creemos que es el tiempo de cambiar, de hacer
proezas en Su Nombre, de atrevernos a cumplir nuestros sueños e ir siempre un
paso más allá. Es el tiempo para ti también. No lo pienses más. No te conformes
con una religión... Revoluciona!!
EDGAR DAVID MIRANDA MARÍN
|