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Problemas,
dificultades que trastornan nuestro día, situaciones prácticamente imposibles
de prevenir: enfermedades, desempleo, conflictos familiares, pérdida o ausencia
de algún ser querido, ilusiones rotas, sueños desvanecidos. Y en casi todas
esas ocasiones, preferimos rebelarnos contra todo aquello que creemos nos ha
traído tal desgracia, incluso contra Dios. Pero, ¡cuántas veces también hemos
visto el próximo paso! Cuando después de pasada la tormenta, viene una calma
absoluta, y una provisión tan grande que en verdad podemos comprender que hay un
propósito mucho más grande del que podemos imaginar. Y es que no son nuestros
planes, son los Suyos. Bien han dicho, “si
quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. No son nuestros propósitos,
ni nuestra conveniencia, ni nuestros gustos. Es simple y sencillamente Él
obrando en nosotros para crear la historia. Es por eso que al final, nos
sorprende tanto Su amor, el como nos ama a tal grado que todo lo acomoda y
planea para nuestro beneficio, a fin de que nadie pueda dudar de su poder y
misericordia para nosotros.
Así ocurrió alguna vez en la vida de José, aquel adolescente
soñador hijo de Jacob. El era, por así decirlo, unos de los consentidos de su
padre, con todos los privilegios que eso supone. Y claro, esto lo llevó a ser
objeto de burla, crítica y desprecio por parte de sus hermanos mayores. Y por
si fuera poco, ¡todavía se le ocurre contar sus sueños! (¿Acaso no sabía en lo
que se metía, o lo hizo a propósito?). El caso es que aquellas cosas en su
cabeza lo hicieron elevarse un poco, y no tardó en contarle a su familia de
cómo él estaba destinado a ser el jefe sobre todos ellos, de cómo habrían de
inclinarse ante él. ¿Puedes imaginarte la reacción que esto provocó? ¡No
quisiera estar en el lugar del muchachito ese! Y bien, el resto de la historia la conoces. La envidia y rencor lo
llevaron a ser objeto de intento de asesinato, aunque “sólo” alcanzó a ser
vendido como esclavo; fue comprado por un influyente político egipcio pero acusado injustamente de haberse querido
propasar con la esposa del mismo. Fue olvidado en la cárcel, aún por aquel a
quien había ayudado para no ser ejecutado. Finalmente fue hecho libre, para
llegar a ser el segundo al mando en toda la nación más poderosa de la tierra en
ese momento.
Pero eso fue sólo el principio, ya que Dios tenía otros
planes. Si José había llegado ahí, era por lo que Dios tenía preparado para su
familia.
Pero acompáñame, vayamos hasta el palacio, al lugar mismo
donde pasó todo. Tal vez sea necesario burlar la guardia real o disfrazarnos de
repartidores de pizza, pero créeme, valdrá la pena. Ahí está José. Míralo, y
pon atención…
Es otro día más. Después de una noche de descanso, un buen
desayuno, leer el periódico que le espera en el comedor, saber las últimas
noticias. Todo es normal, todo parece cotidiano… hasta que su mirada se posa
sobre aquellos pequeños que juegan con sus juguetes reales en la terraza. Es
entonces cuando su mente comienza a recordar, retrocede en el tiempo, y entiende
una vez más que, desde hace mucho tiempo, su vida no ha sido nada cotidiana,
nada común y corriente. Y es que después de haber pasado por tantas situaciones
adversas, es increíble el lugar en el que se encuentra actualmente.
Antes, era un desechado por sus propios hermanos. Ahora, es
el benefactor de ellos.
Antes, fue vendido como esclavo. Ahora, miles de personas están
a su servicio.
Antes, era objeto de burla por aquellos sueños de grandeza
que tenía. Ahora, esos sueños han sido usados para llevarlo a la realeza y ser
el medio de la provisión divina sobre su casa.
Pero acércate. Mira que además de aquel brillo en sus ojos,
una leve sonrisa se asoma en su boca. Vamos, no seas tímido y acércate un poco
más, y escucha con atención, porque sus labios se mueven… escucha la
conversación con Papá. Sin duda, vale la pena escuchar lo que dice con palabras
de su corazón…:
“¡Como podría haberme imaginado que después de tantas
derrotas, de tantas caídas, de tantos sinsabores y problemas sin sentido, tú
mismo habrías de hacerte presente en mi vida!
¡Realmente, nadie merecía ese amor y esa gracia tan grande,
mucho menos aquellos mis envidiosos hermanos! ¡Y sin embargo, tú planeaste todo
para que tu amor llegara hasta ellos también, y finalmente, borraste el rencor
y las burlas que tanto entristecieron mi corazón y me sentaste a tu mesa!”
Míralo. Ya las lágrimas recorren sus mejillas y su voz se
hace temblorosa. Y es que mientras hablaba, ha caminado hasta llegar a su
clóset, donde aún conserva aquellos pedazos de tela color arco iris que quedan
del traje que algún día le regalo su padre. Esos colores que sin duda son un
recordatorio permanente del pacto que Dios alguna vez hizo con la raza humana,
de no volver a traer exterminio sobre ella. Esos colores que significan la
provisión de Dios, y que habían marcado su vida, para personalizar ese cuidado
de Dios sobre su pueblo. Si. José lo entendía, y estaba dispuesto a vestirse
una vez más aquel traje arco iris. Estaba dispuesto a soñar, nuevamente.
¡Pero no te distraigas, y mira! Justo a través del balcón
real se puede ver el arco iris sobre el cielo, como si la creación misma se
uniera a la gratitud de José. Escúchalo ahora, que ya no puede contener el
llanto y desborda su voz ante Él…:
“¡Como hacer caer esa pasión, cómo dejar de confiar en Ti!
No hay motivo por el que olvide todo lo que tú has hecho por mí. ¡No importaría
nunca más el volver a pasar esas experiencia tan amargas, si ello significa
mostrar a alguien más de tu amor!”
“Ahora se perfectamente que aquellos sueños, por muy lejanos
e irreales que parecían, solo podían venir de lo profundo de tu mente y tu
corazón, y que tenían el propósito de edificar corazones rendidos ante Ti, como
puedo verlo ahora en mis hermanos y mi padre. Ahora se que tu tienes el control
de todo, siempre lo tuviste, y si tuviera que pasar por lo mismo una vez más, ¡no
importaría, con tal de conocer tu perfecta voluntad!”
“Ahora se que me has dado los sueños de tu corazón. No
importa lo que suceda, no importa lo que venga… ¡Soñaré siempre en Ti!”
¿Y que hay de ti? ¿Aún piensas que lo que ocurre en tu vida
es casualidad?
Dulces
sueños.
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